Carmen Escario

Desde que descubrí mi vocación artística siendo niña, y especialmente tras mi formación en la Escuela de Artes de Zaragoza y mi desarrollo junto al Maestro Sierra Barseló, el dibujo y la pintura han sido una  pasión constante y considero un privilegio poder enseñar aquello que siempre me ha acompañado. Me entusiasma ver cómo los alumnos aprenden, cómo despiertan su curiosidad y poco a poco se vuelven también apasionados del conocimiento creativo. Siento que, de algún modo, logro contagiarles ese amor por el arte. 

Además, la docencia es para mí un aprendizaje continuo, cada clase me ayuda a reflexionar sobre el tipo de profesora que soy, a encontrar nuevas formas de enseñar y a mejorar tanto a nivel pedagógico como artístico, a través del contacto con diferentes personas, estilos y materiales. Trabajar en la academia no solo me permite trasmitir lo que sé, sino seguir evolucionando cada día, significa unir dos partes esenciales de mi vida: el arte y la enseñanza.